Restaurante Lugarejo | Conócenos en Villanueva de Alcardete
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HISTORIA

Tras recorridos independientes pero paralelos desde el primer momento, la amistad del chef Sergio Montoya y la empresaria Alejandra Cámara les llevó a descubrir que compartían mucho más que los orígenes manchegos.

 

Lo que inicialmente empezó como una lluvia de ideas de un Septiembre cualquiera en tierras del Quijote, pronto tomó esencia propia. Un año después decidieron unir sus fuerzas y embarcarse en un proyecto personal y profesional. Ambos se convirtieron en socios y empresarios para dedicarse por completo a hacer realidad nuevas creaciones a través de su gran pasión, la gastronomía.

Es así como nace Lugarejo, un espacio donde tradición e innovación se fusionan en un concepto único. Desde un primer momento lo tuvieron claro y decidieron volver a sus orígenes para promover el desarrollo local y comarcal. Inspirados por el acervo cultural de la Mancha, mezclado con sus conocimientos y preferencias culinarias, han decidido “crear algo diferente donde lo de antaño y lo de hoy se fusionen en los paladares”, pero, sobre todo, donde “uno se sienta como en casa”.

Sergio Montoya

Desde que de pequeño empezó a experimentar en casa siempre supieron que “era un cocinero enamorado”. Tras meditarlo durante un tiempo, Sergio decidió dar el salto a Madrid y hacer realidad su sueño: ser chef. Convencido de que el esfuerzo trae su recompensa, compaginó su formación en el Hotel Escuela de la Comunidad de Madrid con formación práctica y trabajo en diferentes eventos y lugares de la capital. De diversos eventos como Madrid Fusión, Fruit Attraction/ Fruit Fusion, pasó por las cocinas de Hotel Princesa de Ébola, la Pastelería Mallorca o el restaurante Casa Carolo. Tenía claro que “si quería aprender, tenía que experimentar diversos tipos de cocina”

Recuerda esa etapa como una de las más bonitas de su vida, ya que “en todos los sitios adquirí habilidades únicas y tuve la oportunidad de formarme de la mano de cocineros de verdad”. De cada uno aprendió algo único que, implícitamente, está plasmado en el toque personal de Lugarejo.

Ha trabajado de cocinero como parte de la plantilla de Kabuki (Av. Presidente Carmona, Madrid), donde – en cocina caliente y en barra – aprendió “la exquisitez de la cultura japonesa y la perfección de su comida” de la mano de Mario Payán y Juan Alcaide. El gusto por la selecta cocina tradicional y el trabajo de diferentes productos de temporada lo perfeccionó de la mano de César Martín y Adolfo Santos tras su paso por Lakasa (Madrid). Su etapa madrileña se completó tras su paso por Umiko (Madrid), donde desarrolló el interés por la cocina de fusión japo-mediterránea de la mano de Juan Alcaide y Pablo Álvaro.

Tras su paso por Madrid, el amor por sus raíces no hizo sino aumentar. El poco tiempo libre que tenía lo empleaba en volver a sus orígenes, donde “siempre soñaba con crear algo nuevo, distinto”. Compartiendo su pasión su amiga Alejandra, un día de septiembre lo tuvo claro y decidió arriesgarse. Lo dejó todo en Madrid para pasar a Labriego (Miguel Esteban, Toledo) y Casas de Luján (Saelices, Cuenca), donde continuó experimentando la cocina tradicional de toque moderno de la mano de Santi Carreras y Emilio. Mientras tanto, lo que había nacido como una idea en tinta sobre papel, se fue materializando poco a poco. Desde el principio tuvo claro que el reto y sacrificio sería mayor, pero esta vez tendría otro sabor. Acababa de nacer Lugarejo.

Alejandra Cámara

Desde que en la adolescencia se marchó a la capital para compaginar estudios, trabajo y un estilo de vida con el que siempre había soñado, Alejandra tuvo claro que el éxito de cualquier empresa reside, casi en su totalidad, en el sacrificio realizado. Intrigada por la gestión, muy pronto consiguió hacerse un hueco en ese mundo y ascender hasta ganarse la confianza de sus propios jefes y pasar al cargo de la administración de la empresa. Recuerda esa etapa como “una de las mejores de mi vida, donde cada día era un reto de superación y aprendizaje”.

Arriesgar es otro ingrediente necesario, y pronto, junto a su pareja, decidió crear su propia empresa dedicada a la comercialización de ahumados, salazones y productos gourmet. Tras casi dos décadas al frente de la sociedad sintió que era hora de avanzar y crear algo nuevo, aprovechando lo adquirido en su trayectoria. La gastronomía es una de sus grandes pasiones y añoraba su pueblo. No tenía claro qué sería lo siguiente, pero decidió esperar y seguir madurando la idea en sus viajes entre Madrid y la Mancha. Segura de que “todo llega en el momento oportuno”, lo tuvo claro un día de septiembre, en su pueblo, mientras intercambiaba ideas con un chef que, desde Madrid, buscaba la manera de crear algo diferente y volver a sus orígenes. Acababa de nacer Lugarejo.